Asociación de Amigos del Ferrocarril de Almería
El Ferrocarril - Edición Digital
Número 6 - Primer semestre de 200
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Transporte ferroviarios desaparecidos: Compañía de Caminos de Hierro del Sur de España. Tren botijo Granada-Almería, o viceversa

Antonio Sevillano
Investigador y periodista




¡Señores viajeros, próxima estación… !

Entradilla.- Es cierto que en el último tercio del siglo XIX la provincia ya gozaba de adelantos tan novedosos, revolucionarios e imprescindibles como la máquina de vapor y la electricidad. Pero, por increíble que resulte, en 1885 Almería, junto a Teruel y Soria, eran las únicas provincias españolas que no tenían ni un solo kilómetro de raíl ferroviario disponible. Por ello, el ferrocarril supuso, además de cumplir la Compañía adjudicataria con su objetivo inicial de aprovechamiento y exportación semicolonial de los recursos minerales propios y ajenos, el gran avance social, económico y humano disfrutado en la Almería finisecular. El fin del aislamiento geográfico -con todos los inconvenientes (demoras, incomodidad, lentitud, precios elevados) que se quieran- de una capital prácticamente aislada del resto de España por carretera y con el Puerto como alternativa de comunicación fiable. En definitiva, la solución a nuestras constantes desgracias, en periodística concreción de La Crónica Meridional ante la llegada del soñado “ferro-carril”.

Texto:
Las locomotoras acceden al andén principal


Desde que en 1876 el ingeniero José Trías Herráiz redactase un primer proyecto por encargo de la Diputación Provincial de Almería y Jaén, el de la línea Linares-Almería, la ciudad fue una pura reivindicación, con todo el mundo de acuerdo. Se suceden las proclamas políticas y recrudecen editoriales críticas en la prensa; se publica “El Ferrocarril”, un periódico de vida efímera… Después de sucesivas subastas sin licitadores, en la celebrada el 18 de mayo de1889, el Banco General de Madrid -único candidato- se alzó con la concesión del ferrocarril a Linares, constituyendo para su explotación la Compañía de Caminos de Hierro del Sur de España. En ella figura el catalán Ivo Bosch Puig como máximo responsable de un accionariado mayoritariamente francobelga. La realización definitiva y global del trazado, adjudicada a la constructora francesa Fives Lille, redondeaba los 80 millones de las antiguas pesetas. Tras superar diversas crisis laborales y económicas, el 23 de julio de 1895 ya se pudo disponer de la 3ª sección: el tramo Almería-Guadix (“nuestra hermana del corazón”). Los festejos populares y recepciones oficiales, a expensas del Municipio y del Comercio local, se sucedieron tan pronto que a las 16, 45 horas la locomotora (máquina nº 8), de nombre Iberia, se detuviera en el elegante y armonioso edificio de la Estación recién construido.

El 14 de marzo de 1899 volvería a marcar un hito singular en la intrahistoria local. Un día de extraordinaria expectación, de auténtico clamor ciudadano, festivo y esperanzador. A la 8 de la tarde pasó el convoy inaugural frente a la marquesina de la Estación, para minutos adelante detenerse entre vítores, voladores y cohetería, en el Paseo del Malecón.

“El aspecto del Malecón era verdaderamente imponente; las iluminaciones, el arco del Comercio, la escalinata por donde debía subir la comitiva (actual Paseo de San Luis, aledaño al Hospital Provincial), las bengalas dándole tonos a aquella apiñada multitud, las palmas reales que subían al Cielo para anunciar toda nuestra alegría (…) Las comisiones y la Banda de Música del Ayuntamiento y la de Ingenieros se hallaba en la escalinata con que termina la calle de la Reina, adornada con rica alfombra y hermosas plantas”.

La casa por la ventana echaron; sólo faltó, por imponderables de última hora, el anunciado y famoso Orfeón Catalán: reparto de pan a los pobres y comidas en la Tienda Asilo y Cárcel; carreras ciclistas en el Malecón alto y de remos en el Club de Regatas y El Recreo, Te Deum en la Catedral, dianas y conciertos de las Bandas en la plaza de Santo Domingo y boulevard del Príncipe, bailes populares en el pabellón instalado por la Compañía en la Plaza de la Constitución (Vieja), castillo de fuegos artificiales, corrida con toros de Murube para Guerrita y Antonio Reverte ¡Jamás se había visto nada igual en toda la historia de Almería!, y no era para menos.

Raíles hacia el Poniente

En contra de la opinión general, no siempre un tren de pasajeros o mixto detuvo su locomotora, vagones y coches ante el edificio de la Estación, como obligado fin de trayecto. Ya el primitivo proyecto de José Trías contemplaba la conexión ferroviaria con el Puerto en una inequívoca declaración sobre su optimización ligada a la vía marítima. Dado lo prolijo del proceso administrativo y de planteamiento a que obligaban Reales Órdenes en distintas fechas, se hace necesario el resumen. A la espera de que la Junta de Obras del Puerto acometiera la construcción definitiva del muelle de Levante y del Andén de Costa, el trazado de la red viaria marítima debió discurrir, tras salvar el puente sobre la desembocadura de la rambla del Obispo, por la primitiva calle de Pescadores (Parque Nicolás Salmerón), Malecón, explanada del actual barrio de Pescadería hasta concluir en el muelle de Poniente, único dando servicio portuario.

Por el itinerario descrito, además de carros portando barriles de uva y esparto, pasaban los vagones descubiertos con mineral de hierro, con los graves inconvenientes que ello acarreaba a la ciudad; puestos de manifiesto con manifestaciones públicas o radicales escritos críticos del Círculo Mercantil e Industrial. A título de curiosidad, digamos que, en sus inicios, “la vía soportaba el paso de un tren diario que circulaba al paso de un hombre, y precedido de un empleado a pie que avisaba de la presencia del tren con las señales reglamentarias” (Trenes, cables y minas de Almería, IEA, 1994). Por este camino férreo provisional discurrieron igualmente durante muchísimos los denominados “trenes botijos”. Concluidas las obras del muelle de Levante y el Andén por la J.O.P., en agosto de 1925 la Compañía del Sur de España inauguró las nuevas vías, más cerca del mar, permitiendo así el embarque por ese muelle. No obstante, el primitivo trazado no fue del todo levantado.

Malecón de San Luis

En 1984 Francisco Leal Martínez (junto a un grupo de alumnos de Instituto) editó una interesante guía del Parque “Nicolás Salmerón”. De su introducción histórica tomo unos apuntes que considero veraces.

(…) Así, los jardines que ocupaban la zona otrora perteneciente a los paseos de San Luis y del Malecón, se amplían para convertirse en el espacio verde más extenso de Almería (…) El Paseo del Malecón se había construido por iniciativa de Joaquín de Vílches (20-3-1846), delante del baluarte de San Luis, derribado en 1860, en donde se abrió el Paseo Alto

(…) El Parque Viejo (Malecón) fue el primero que se creó, ajardinándose allá por el año 1890, obra de José María Acosta. En 1913 el Ayuntamiento cedió a la Junta de Obras del Puerto este parque para que se hiciera cargo de su adecentamiento (…) En 1924 se proyectó prolongar su ensanchamiento desde la Comandancia de Marina hasta la calle Reina Regente; esto habría supuesto ciertas modificaciones en el barrio de Pescadores de las Almadrabillas, a Poniente de la rambla, por lo que no se consumó hasta finalizar la contienda fratricida (…) El Parque Viejo fue dedicado a Alfonso XIII cuando visitó nuestra ciudad a comienzos del siglo XX (…) En 1931, con la Segunda Republica, cambió su nombre por el de Nicolás Salmerón”. Con la instauración del sistema democrático éste recuperó el nombre del insigne alhameño en sustitución del de José Antonio. Tal nomenclator callejero y paisaje urbano fue el dado a contemplar a los miles de botijistas granadinos, malagueños y jienenses que nos visitaron a lo largo de cuatro décadas.

¿Por qué “Tren Botijo”?

Es la primera pregunta que nos hacemos y para cuya repuesta recurrimos en primera instancia al DRAE: “Coloquialmente. El que en España, durante el verano, trasladaba pasajeros, sin muchas comodidades, con destino a vacaciones”. Bien, sin embargo los señores académicos no rematan la faena. Veamos el muy docto Diccionario de doña María Moliner: “Tren botijo.- Se llamaba así humorísticamente a los trenes baratos que se habilitaban en verano para llevar veraneantes hacia las poblaciones de la costa, cuyos viajeros llevaban frecuentemente un botijo para beber agua en el viaje”. Mejor, más enriquecedor. No obstante, es nuestro paisano don Paco Giménez, sin obviar lo anterior, dicta, referido a las provincias de Granada y Almería, fechas concretas: Corpus en Graná y Feria de Agosto acá, coincidentes con las corridas de toros.

Es decir, añado, servicios ferroviarios para trayectos relativamente cortos al alcance de los menos pudientes; conformando el convoy con vagones de 2ª y 3ª categoría (los profesionales del ramo prefieren que se digan coches y dejemos lo de vagones para el transporte de mercancías) y regreso el mismo día o al siguiente a su punto de partida. O sea, a modo de antecedente actualmente obsoleto de los actuales vuelos “charter” o buses alquilados para asistir a señalados acontecimientos deportivos. La prensa local del momento, por extensión extrapoló el castizo adjetivo a los barcos, “vapores botijo”, que desde Melilla, Cartagena y Orán atracaban en nuestro puerto por Feria. En cuanto a lo del nombre de marras (excluyendo, claro, los vapores) no era solo porque cada familia trajese o llevase el suyo, con agua fresquita, sino, además, en referencia a los “aguaores” que con recipientes de barro esperaban o subían en todas y cada unas de las estaciones del trayecto. Del viaje inaugural desde Guadix, en 1895, sabemos que en algunas de aquellas paradas “ya se han establecido los puestos con vendedores de agua, licores y dulces”.

Quienes disponían de recursos económicos optaban por los servicios extras que ofrecía en julio y agosto Caminos de Hierro del Sur de España. Con tarifas reducidas (todos los años se publicaba el precio de billete de estación en estación) y regreso a la semana o quince días, tiempo suficiente para tomar los baños de mar, de Virgen a Virgen, recomendados por médicos de confianza. Sin el aire romántico y decadente de los desplazados a la Concha de San Sebastián o al Sardinero de Santander, aunque sí con instalaciones tipo Club de Regatas y Balneario el Recreo que, salvando las distancias, modestamente hacían su apaño. Con una decena de posadas, Parador de Martínez y del Príncipe o la prestigiosa Fonda Tortosa (antecedente del Hotel Simón, en el Paseo, a su cargo estuvo el banquete de bienvenida), lo suficientemente cómodos y “habitables” para que los bañistas repitieran al año siguiente. Vean una elocuente gacetilla de julio de 1895:

“A los baños de mar.- Muchas familias de Granada de la que otros años han ido a Málaga a tomar los baños de mar, han retrasado este año su viaje con objeto de venir a tomarlos a nuestras playas en cuanto se verifique la inauguración del ferro-carril, pues entonces será el viaje muy cómodo y más barato”. Proseguía: “La circunstancia de verificarse en el próximo agosto el mes de los baños, la ferias y fiestas para la que se prepara un programa con grandes atractivos, hacen esperar que la concurrencia de granadinos en Almería será este año extraordinaria… Que ha de contribuir en gran manera a estrechar los lazos de amistad y simpatía que siempre han unido a la ciudad de los Cármenes con Almería”.

¿Desde cuándo el Botijo?

En el vaciado de hemeroteca la primera noticia que advierto corresponde a agosto de 1903:

“Otro ruego.- Los periódicos de Málaga, haciéndose eco del deseo formulado por muchos aficionados a los toros que piensan venir a Almería utilizando al efecto los billetes baratos establecidos por la Compañía de los Andaluces desde Málaga a Granada, y los que se expenderán desde ésta capital a la nuestra para el botijo, también ruegan a la Compañía del Sur haga dos trenes botijos en vez de uno. Entendemos que el ruego ha de ser atendido”

A esta le sucede otra que recuerda el “botijo” a Granada con motivo de la festividad del Corpus; tales viajes tendrían continuidad todos los años en el mes de junio. Por razones que se me escapan, hubo ocasiones en que los botijistas granadinos eran trasladados en coches de caballos desde Puerta Real hasta Albolote, estación de la que partía el convoy a las 11 de la noche y, recogiendo pasajeros de Jaén y de Guadix, llegaba al Malecón a las 8 de la mañana (más adelante los viajes se harían indistintamente de noche y de día). A todo esto La Crónica Meridional no cesa en montarle bulla al Ayuntamiento con el dichoso adecentamiento y limpieza del Malecón y Paseo de San Luis por el mal concepto que podrían formarse los viajeros, considerándonos más un poblachón que una capital moderna. La Feria de 1903 fue especialmente atractiva. Como números fuertes del programa de festejos se incluyeron las dos primeras Batallas de Flores celebradas en Almería; dos corridas de toros con Mazanttini y Lagartijillo de cabecera de cartel y unos Juegos Florales en los que don Miguel de Unamuno fue su excepcional mantenedor. Ni que decir tiene que la afluencia de forasteros, recibida a los sones de la Banda Municipal, colapsó la capacidad “hotelera” disponibles. O que playas, bares y coso taurino de Vílches se vieron desbordados.

Las noticias en prensa se repiten con el paso del tiempo sin grandes variantes. Quizá, que la Compañía del Sur debía pedir autorización al gobernador Civil de turno “para que el tren botijo venga hasta las escaleras del Malecón, donde se podrá hacer a los expedicionarios un cariñoso recibimiento”

Desde su inauguración en 1899, la línea Linares-Almería fue propiedad y estuvo gestionada por la Compañía de Caminos de Hierro del Sur de España. En 1929 la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces se la adquirió y obtuvo del Estado licencia para su explotación. Con los Andaluces siguieron organizándose “trenes botijos” hasta 1936, cuando un grupo de militares rebeldes traicionó la legalidad vigente de la Segunda Republica Española. En 1941 el complejo entramado ferroviario del país fue monopolizado por la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles (RENFE). A partir de entonces era frecuente incluir una nota adicional en el programa municipal de la Feria y Fiestas, posiblemente como reminiscencia de todo lo abordado. Reza así:

“De los puertos y provincias cercanas funcionarán trenes y barcos especiales. El tren corto de Santa Fe, retrasará su salida de Almerìa hasta las dos treinta de la madrugada los días de Feria”.

El “Botijo” en la literatura

Después de repasar una curiosa bibliografía botijil (común a otras muchas zonas costeras de España), valgan tres ejemplos que aluden a nuestra ciudad o se citan a personajes, ficticios, locales. Cronológicamente.

En “Lola, espejo oscuro”, el novelista Darío Fernández-Flores afirma que a su protagonista almeriense la depositaron en el torno conventual del Hospicio y, deducimos, que ya a tierna edad, en su etapa de asilada, debió observar la llegada y partida de distintas expediciones granadinas por Feria:

“El hospicio estaba en un parte del caserón dedicado al hospital, que se hallaba junto al parque de la ciudad, frente al puerto. Recuerdo muy bien todavía el patio grande, soleado por los suaves soles del invierno y los devoradores del verano. Había allí cuatro palmeras con talle de gitanas camineras, blanqueados los troncos por los polvos del constante secano, porque esa tierra no cría apenas agua (…) Los jueves y los domingos salíamos las chicas del hospicio a dar un paseo, para refrescar un poco la sangre, prisionera en aquellos muros “.

Andando el tiempo, al adentrarme en una densa “Historia de la canción española”, supe de la existencia de su autor, Alvaro Retana (hermano de un apoderado que tuvo el torero Relampaguito): folclorista, dibujante, periodista, músico y letrista de conocidos cuplés. Homosexual libertino y provocador -siendo Primo de Rivera cabeza del Directorio Militar, tuvo “encontronazos” que lo llevaron a la trena-, estrella rutilante de la farándula madrileña mas transgresora, dejó escrito, en 1933, “A Sodoma en tren botijo”. En el libro se narran “las aventuras madrileñas de Nemesio Fuentepino, un muchacho tan hermoso que es el orgullo de Almería. Convencido por un amigo, viaja a la capital, donde conocerá el mundo depravado de las fiestas del perverso marqués de Pijo Infante, de las que son asiduos los aristócratas aficionados a travestirse, las cocottes y los más desenfadados maricas ilustres de la ciudad”.

Cierra el epígrafe literario los recuerdos de Francisco Giménez Fernández, henchidos de nostalgia, en su libro “Aquella Almería”. Don Paco estima “que como recuerdo de los viajes de aquella época, quizás merezca una mención especial los “trenes botijos” que se organizaban entre Almería y Granada. Eran trenes especiales que con tarifa reducida se establecían a Granada para las fiestas del Corpus o más concretamente, para las corridas de toros. Análogamente venían de Granada a Almería para la Feria de Agosto. No hay que decir que eran grandes las molestias que el viaje llevaba consigo, pero los viajeros lo soportaban con el mayor regocijo y alegría y buen humor. Durante algunos años y con la firma del “El Obispo del Botijo” se publicaba una “pastoral”, en versos o aleluyas, dirigida a los botijistas con consejos o recomendaciones para el mejor cumplimiento de su misión. He aquí uno de ellos:
Antes de llegar a la estación
ya debes estar pintón.
En la estación de Guadix,
toma una copa de anís,
y en la estación de Moreda
mostrarás tu borrachera.

Eso nos hace pensar que sólo bajo la “anestesia alcohólica” fuera soportable el viaje. La llegada del botijo de Granada tenía en ocasiones caracteres de acontecimiento y así era esperado por numeroso público con familiares y amigos, al frente de los cuales figuraba la banda de música o más modestamente una simple charanga que les daba la bienvenida”.

Revista anual “El Botijo” (Granada-Almería) y Carnaval

Prueba del interés que un tren de estas características despertó entre las dos ciudades limítrofes es la edición de las revistas “El Botijo de Almería a Granada”, y “de Granada a Almería” de periocidad anual, dedicadas a magnificar las virtudes del transporte, de sus pasajeros, de las autoridades locales, de su economía, bondades del clima, playas y montañas sierrasnevadas, de cariño fraterno y de la biblia en pasta. Junio de 1903/4 (con motivo del Corpus) y agosto de 1904 (Feria), entre artículos encomiásticos, poemas y lírica encendida descubrimos firmas prestigiosas: Seco de Lucena, González Garbín, Fernández de Burgos, Burgos Tamarit, Francisco P. Valladar Amador Ramos Oller, Gil de Alcíndelgui, Paco Aquino, José Jesús García y otros.

Para concluir con el capítulo y reportaje he optado por una coplilla cantada por las murgas en el Carnaval de 1934, a resultas de un cruce de acusaciones, el año anterior, entre el concejal Estrella y la empresa suministradora de electricidad, Fuerzas Motrices del Valle de Lecrín, por mor de los continuos apagones y restricciones sin justificación sufridos en calles, comercios y viviendas. Prueba de su aceptación popular es que ha llegado hasta nuestros días, vía transmisión oral. Desconozco música y autor, pero el maestro Machado ya lo dejó bien rimado: hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son y cuando el pueblo las canta… averigua quien la parió:

Esta Feria pasada fue de gran admiración;
vinieron los granaínos a ver la iluminación.
Quedaron encandilaos al llegar al Boulevard
pues con cuatro mariposas se alumbró la Capital.

Parecía el Paseo la ermita Santa Elena,
con “mariposas” y “santos” y cuatro o cinco velas, etc.


La Voz de Almería, viernes 17 de agosto
Especial Feria 2007



Antonio Sevillano
Investigador y periodista


elferrocarril@asafal.com