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¡Señores viajeros, próxima estación… !
Entradilla.- Es cierto que en el último tercio del
siglo XIX la provincia ya gozaba de adelantos tan novedosos,
revolucionarios e imprescindibles como la máquina de vapor y la
electricidad. Pero, por increíble que resulte, en 1885 Almería, junto a
Teruel y Soria, eran las únicas provincias españolas que no tenían ni un
solo kilómetro de raíl ferroviario disponible. Por ello, el ferrocarril
supuso, además de cumplir la Compañía adjudicataria con su objetivo
inicial de aprovechamiento y exportación semicolonial de los recursos
minerales propios y ajenos, el gran avance social, económico y humano
disfrutado en la Almería finisecular. El fin del aislamiento geográfico
-con todos los inconvenientes (demoras, incomodidad, lentitud, precios
elevados) que se quieran- de una capital prácticamente aislada del resto
de España por carretera y con el Puerto como alternativa de comunicación
fiable. En definitiva, la solución a nuestras constantes desgracias, en
periodística concreción de La Crónica Meridional ante la llegada del
soñado “ferro-carril”.
Texto:
Las locomotoras acceden al andén principal
Desde que en 1876 el ingeniero José Trías Herráiz redactase un primer
proyecto por encargo de la Diputación Provincial de Almería y Jaén, el
de la línea Linares-Almería, la ciudad fue una pura reivindicación, con
todo el mundo de acuerdo. Se suceden las proclamas políticas y
recrudecen editoriales críticas en la prensa; se publica “El
Ferrocarril”, un periódico de vida efímera… Después de sucesivas
subastas sin licitadores, en la celebrada el 18 de mayo de1889, el Banco
General de Madrid -único candidato- se alzó con la concesión del
ferrocarril a Linares, constituyendo para su explotación la Compañía de
Caminos de Hierro del Sur de España. En ella figura el catalán Ivo Bosch
Puig como máximo responsable de un accionariado mayoritariamente
francobelga. La realización definitiva y global del trazado, adjudicada
a la constructora francesa Fives Lille, redondeaba los 80 millones de
las antiguas pesetas. Tras superar diversas crisis laborales y
económicas, el 23 de julio de 1895 ya se pudo disponer de la 3ª sección:
el tramo Almería-Guadix (“nuestra hermana del corazón”). Los festejos
populares y recepciones oficiales, a expensas del Municipio y del
Comercio local, se sucedieron tan pronto que a las 16, 45 horas la
locomotora (máquina nº 8), de nombre Iberia, se detuviera en el elegante
y armonioso edificio de la Estación recién construido.
El 14 de marzo de 1899 volvería a marcar un hito singular en la
intrahistoria local. Un día de extraordinaria expectación, de auténtico
clamor ciudadano, festivo y esperanzador. A la 8 de la tarde pasó el
convoy inaugural frente a la marquesina de la Estación, para minutos
adelante detenerse entre vítores, voladores y cohetería, en el Paseo del
Malecón.
“El aspecto del Malecón era verdaderamente imponente; las iluminaciones,
el arco del Comercio, la escalinata por donde debía subir la comitiva
(actual Paseo de San Luis, aledaño al Hospital Provincial), las bengalas
dándole tonos a aquella apiñada multitud, las palmas reales que subían
al Cielo para anunciar toda nuestra alegría (…) Las comisiones y la
Banda de Música del Ayuntamiento y la de Ingenieros se hallaba en la
escalinata con que termina la calle de la Reina, adornada con rica
alfombra y hermosas plantas”.
La casa por la ventana echaron; sólo faltó, por imponderables de última
hora, el anunciado y famoso Orfeón Catalán: reparto de pan a los pobres
y comidas en la Tienda Asilo y Cárcel; carreras ciclistas en el Malecón
alto y de remos en el Club de Regatas y El Recreo, Te Deum en la
Catedral, dianas y conciertos de las Bandas en la plaza de Santo Domingo
y boulevard del Príncipe, bailes populares en el pabellón instalado por
la Compañía en la Plaza de la Constitución (Vieja), castillo de fuegos
artificiales, corrida con toros de Murube para Guerrita y Antonio
Reverte ¡Jamás se había visto nada igual en toda la historia de
Almería!, y no era para menos.
Raíles hacia el Poniente
En contra de la opinión general, no siempre un tren de pasajeros o mixto
detuvo su locomotora, vagones y coches ante el edificio de la Estación,
como obligado fin de trayecto. Ya el primitivo proyecto de José Trías
contemplaba la conexión ferroviaria con el Puerto en una inequívoca
declaración sobre su optimización ligada a la vía marítima. Dado lo
prolijo del proceso administrativo y de planteamiento a que obligaban
Reales Órdenes en distintas fechas, se hace necesario el resumen. A la
espera de que la Junta de Obras del Puerto acometiera la construcción
definitiva del muelle de Levante y del Andén de Costa, el trazado de la
red viaria marítima debió discurrir, tras salvar el puente sobre la
desembocadura de la rambla del Obispo, por la primitiva calle de
Pescadores (Parque Nicolás Salmerón), Malecón, explanada del actual
barrio de Pescadería hasta concluir en el muelle de Poniente, único
dando servicio portuario.
Por el itinerario descrito, además de carros portando barriles de uva y
esparto, pasaban los vagones descubiertos con mineral de hierro, con los
graves inconvenientes que ello acarreaba a la ciudad; puestos de
manifiesto con manifestaciones públicas o radicales escritos críticos
del Círculo Mercantil e Industrial. A título de curiosidad, digamos que,
en sus inicios, “la vía soportaba el paso de un tren diario que
circulaba al paso de un hombre, y precedido de un empleado a pie que
avisaba de la presencia del tren con las señales reglamentarias”
(Trenes, cables y minas de Almería, IEA, 1994). Por este camino férreo
provisional discurrieron igualmente durante muchísimos los denominados
“trenes botijos”. Concluidas las obras del muelle de Levante y el Andén
por la J.O.P., en agosto de 1925 la Compañía del Sur de España inauguró
las nuevas vías, más cerca del mar, permitiendo así el embarque por ese
muelle. No obstante, el primitivo trazado no fue del todo levantado.
Malecón de San Luis
En 1984 Francisco Leal Martínez (junto a un grupo de alumnos de
Instituto) editó una interesante guía del Parque “Nicolás Salmerón”. De
su introducción histórica tomo unos apuntes que considero veraces.
(…) Así, los jardines que ocupaban la zona otrora perteneciente a los
paseos de San Luis y del Malecón, se amplían para convertirse en el
espacio verde más extenso de Almería (…) El Paseo del Malecón se había
construido por iniciativa de Joaquín de Vílches (20-3-1846), delante del
baluarte de San Luis, derribado en 1860, en donde se abrió el Paseo Alto
(…) El Parque Viejo (Malecón) fue el primero que se creó, ajardinándose
allá por el año 1890, obra de José María Acosta. En 1913 el Ayuntamiento
cedió a la Junta de Obras del Puerto este parque para que se hiciera
cargo de su adecentamiento (…) En 1924 se proyectó prolongar su
ensanchamiento desde la Comandancia de Marina hasta la calle Reina
Regente; esto habría supuesto ciertas modificaciones en el barrio de
Pescadores de las Almadrabillas, a Poniente de la rambla, por lo que no
se consumó hasta finalizar la contienda fratricida (…) El Parque Viejo
fue dedicado a Alfonso XIII cuando visitó nuestra ciudad a comienzos del
siglo XX (…) En 1931, con la Segunda Republica, cambió su nombre por el
de Nicolás Salmerón”. Con la instauración del sistema democrático éste
recuperó el nombre del insigne alhameño en sustitución del de José
Antonio. Tal nomenclator callejero y paisaje urbano fue el dado a
contemplar a los miles de botijistas granadinos, malagueños y jienenses
que nos visitaron a lo largo de cuatro décadas.
¿Por qué “Tren Botijo”?
Es la primera pregunta que nos hacemos y para cuya repuesta recurrimos
en primera instancia al DRAE: “Coloquialmente. El que en España, durante
el verano, trasladaba pasajeros, sin muchas comodidades, con destino a
vacaciones”. Bien, sin embargo los señores académicos no rematan la
faena. Veamos el muy docto Diccionario de doña María Moliner: “Tren
botijo.- Se llamaba así humorísticamente a los trenes baratos que se
habilitaban en verano para llevar veraneantes hacia las poblaciones de
la costa, cuyos viajeros llevaban frecuentemente un botijo para beber
agua en el viaje”. Mejor, más enriquecedor. No obstante, es nuestro
paisano don Paco Giménez, sin obviar lo anterior, dicta, referido a las
provincias de Granada y Almería, fechas concretas: Corpus en Graná y
Feria de Agosto acá, coincidentes con las corridas de toros.
Es decir, añado, servicios ferroviarios para trayectos relativamente
cortos al alcance de los menos pudientes; conformando el convoy con
vagones de 2ª y 3ª categoría (los profesionales del ramo prefieren que
se digan coches y dejemos lo de vagones para el transporte de
mercancías) y regreso el mismo día o al siguiente a su punto de partida.
O sea, a modo de antecedente actualmente obsoleto de los actuales vuelos
“charter” o buses alquilados para asistir a señalados acontecimientos
deportivos. La prensa local del momento, por extensión extrapoló el
castizo adjetivo a los barcos, “vapores botijo”, que desde Melilla,
Cartagena y Orán atracaban en nuestro puerto por Feria. En cuanto a lo
del nombre de marras (excluyendo, claro, los vapores) no era solo porque
cada familia trajese o llevase el suyo, con agua fresquita, sino,
además, en referencia a los “aguaores” que con recipientes de barro
esperaban o subían en todas y cada unas de las estaciones del trayecto.
Del viaje inaugural desde Guadix, en 1895, sabemos que en algunas de
aquellas paradas “ya se han establecido los puestos con vendedores de
agua, licores y dulces”.
Quienes disponían de recursos económicos optaban por los servicios
extras que ofrecía en julio y agosto Caminos de Hierro del Sur de
España. Con tarifas reducidas (todos los años se publicaba el precio de
billete de estación en estación) y regreso a la semana o quince días,
tiempo suficiente para tomar los baños de mar, de Virgen a Virgen,
recomendados por médicos de confianza. Sin el aire romántico y decadente
de los desplazados a la Concha de San Sebastián o al Sardinero de
Santander, aunque sí con instalaciones tipo Club de Regatas y Balneario
el Recreo que, salvando las distancias, modestamente hacían su apaño.
Con una decena de posadas, Parador de Martínez y del Príncipe o la
prestigiosa Fonda Tortosa (antecedente del Hotel Simón, en el Paseo, a
su cargo estuvo el banquete de bienvenida), lo suficientemente cómodos y
“habitables” para que los bañistas repitieran al año siguiente. Vean una
elocuente gacetilla de julio de 1895:
“A los baños de mar.- Muchas familias de Granada de la que otros años
han ido a Málaga a tomar los baños de mar, han retrasado este año su
viaje con objeto de venir a tomarlos a nuestras playas en cuanto se
verifique la inauguración del ferro-carril, pues entonces será el viaje
muy cómodo y más barato”. Proseguía: “La circunstancia de verificarse en
el próximo agosto el mes de los baños, la ferias y fiestas para la que
se prepara un programa con grandes atractivos, hacen esperar que la
concurrencia de granadinos en Almería será este año extraordinaria… Que
ha de contribuir en gran manera a estrechar los lazos de amistad y
simpatía que siempre han unido a la ciudad de los Cármenes con Almería”.
¿Desde cuándo el Botijo?
En el vaciado de hemeroteca la primera noticia que advierto corresponde
a agosto de 1903:
“Otro ruego.- Los periódicos de Málaga, haciéndose eco del deseo
formulado por muchos aficionados a los toros que piensan venir a Almería
utilizando al efecto los billetes baratos establecidos por la Compañía
de los Andaluces desde Málaga a Granada, y los que se expenderán desde
ésta capital a la nuestra para el botijo, también ruegan a la Compañía
del Sur haga dos trenes botijos en vez de uno. Entendemos que el ruego
ha de ser atendido”
A esta le sucede otra que recuerda el “botijo” a Granada con motivo de
la festividad del Corpus; tales viajes tendrían continuidad todos los
años en el mes de junio. Por razones que se me escapan, hubo ocasiones
en que los botijistas granadinos eran trasladados en coches de caballos
desde Puerta Real hasta Albolote, estación de la que partía el convoy a
las 11 de la noche y, recogiendo pasajeros de Jaén y de Guadix, llegaba
al Malecón a las 8 de la mañana (más adelante los viajes se harían
indistintamente de noche y de día). A todo esto La Crónica Meridional no
cesa en montarle bulla al Ayuntamiento con el dichoso adecentamiento y
limpieza del Malecón y Paseo de San Luis por el mal concepto que podrían
formarse los viajeros, considerándonos más un poblachón que una capital
moderna. La Feria de 1903 fue especialmente atractiva. Como números
fuertes del programa de festejos se incluyeron las dos primeras Batallas
de Flores celebradas en Almería; dos corridas de toros con Mazanttini y
Lagartijillo de cabecera de cartel y unos Juegos Florales en los que don
Miguel de Unamuno fue su excepcional mantenedor. Ni que decir tiene que
la afluencia de forasteros, recibida a los sones de la Banda Municipal,
colapsó la capacidad “hotelera” disponibles. O que playas, bares y coso
taurino de Vílches se vieron desbordados.
Las noticias en prensa se repiten con el paso del tiempo sin grandes
variantes. Quizá, que la Compañía del Sur debía pedir autorización al
gobernador Civil de turno “para que el tren botijo venga hasta las
escaleras del Malecón, donde se podrá hacer a los expedicionarios un
cariñoso recibimiento”
Desde su inauguración en 1899, la línea Linares-Almería fue propiedad y
estuvo gestionada por la Compañía de Caminos de Hierro del Sur de
España. En 1929 la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces se la
adquirió y obtuvo del Estado licencia para su explotación. Con los
Andaluces siguieron organizándose “trenes botijos” hasta 1936, cuando un
grupo de militares rebeldes traicionó la legalidad vigente de la Segunda
Republica Española. En 1941 el complejo entramado ferroviario del país
fue monopolizado por la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles
(RENFE). A partir de entonces era frecuente incluir una nota adicional
en el programa municipal de la Feria y Fiestas, posiblemente como
reminiscencia de todo lo abordado. Reza así:
“De los puertos y provincias cercanas funcionarán trenes y barcos
especiales. El tren corto de Santa Fe, retrasará su salida de Almerìa
hasta las dos treinta de la madrugada los días de Feria”.
El “Botijo” en la literatura
Después de repasar una curiosa bibliografía botijil (común a otras
muchas zonas costeras de España), valgan tres ejemplos que aluden a
nuestra ciudad o se citan a personajes, ficticios, locales.
Cronológicamente.
En “Lola, espejo oscuro”, el novelista Darío Fernández-Flores afirma que
a su protagonista almeriense la depositaron en el torno conventual del
Hospicio y, deducimos, que ya a tierna edad, en su etapa de asilada,
debió observar la llegada y partida de distintas expediciones granadinas
por Feria:
“El hospicio estaba en un parte del caserón dedicado al hospital, que se
hallaba junto al parque de la ciudad, frente al puerto. Recuerdo muy
bien todavía el patio grande, soleado por los suaves soles del invierno
y los devoradores del verano. Había allí cuatro palmeras con talle de
gitanas camineras, blanqueados los troncos por los polvos del constante
secano, porque esa tierra no cría apenas agua (…) Los jueves y los
domingos salíamos las chicas del hospicio a dar un paseo, para refrescar
un poco la sangre, prisionera en aquellos muros “.
Andando el tiempo, al adentrarme en una densa “Historia de la canción
española”, supe de la existencia de su autor, Alvaro Retana (hermano de
un apoderado que tuvo el torero Relampaguito): folclorista, dibujante,
periodista, músico y letrista de conocidos cuplés. Homosexual libertino
y provocador -siendo Primo de Rivera cabeza del Directorio Militar, tuvo
“encontronazos” que lo llevaron a la trena-, estrella rutilante de la
farándula madrileña mas transgresora, dejó escrito, en 1933, “A Sodoma
en tren botijo”. En el libro se narran “las aventuras madrileñas de
Nemesio Fuentepino, un muchacho tan hermoso que es el orgullo de
Almería. Convencido por un amigo, viaja a la capital, donde conocerá el
mundo depravado de las fiestas del perverso marqués de Pijo Infante, de
las que son asiduos los aristócratas aficionados a travestirse, las
cocottes y los más desenfadados maricas ilustres de la ciudad”.
Cierra el epígrafe literario los recuerdos de Francisco Giménez
Fernández, henchidos de nostalgia, en su libro “Aquella Almería”. Don
Paco estima “que como recuerdo de los viajes de aquella época, quizás
merezca una mención especial los “trenes botijos” que se organizaban
entre Almería y Granada. Eran trenes especiales que con tarifa reducida
se establecían a Granada para las fiestas del Corpus o más
concretamente, para las corridas de toros. Análogamente venían de
Granada a Almería para la Feria de Agosto. No hay que decir que eran
grandes las molestias que el viaje llevaba consigo, pero los viajeros lo
soportaban con el mayor regocijo y alegría y buen humor. Durante algunos
años y con la firma del “El Obispo del Botijo” se publicaba una
“pastoral”, en versos o aleluyas, dirigida a los botijistas con consejos
o recomendaciones para el mejor cumplimiento de su misión. He aquí uno
de ellos:
Antes de llegar a la estación
ya debes estar pintón.
En la estación de Guadix,
toma una copa de anís,
y en la estación de Moreda
mostrarás tu borrachera.
Eso nos hace pensar que sólo bajo la “anestesia alcohólica” fuera
soportable el viaje. La llegada del botijo de Granada tenía en ocasiones
caracteres de acontecimiento y así era esperado por numeroso público con
familiares y amigos, al frente de los cuales figuraba la banda de música
o más modestamente una simple charanga que les daba la bienvenida”.
Revista anual “El Botijo” (Granada-Almería) y Carnaval
Prueba del interés que un tren de estas características despertó entre
las dos ciudades limítrofes es la edición de las revistas “El Botijo de
Almería a Granada”, y “de Granada a Almería” de periocidad anual,
dedicadas a magnificar las virtudes del transporte, de sus pasajeros, de
las autoridades locales, de su economía, bondades del clima, playas y
montañas sierrasnevadas, de cariño fraterno y de la biblia en pasta.
Junio de 1903/4 (con motivo del Corpus) y agosto de 1904 (Feria), entre
artículos encomiásticos, poemas y lírica encendida descubrimos firmas
prestigiosas: Seco de Lucena, González Garbín, Fernández de Burgos,
Burgos Tamarit, Francisco P. Valladar Amador Ramos Oller, Gil de
Alcíndelgui, Paco Aquino, José Jesús García y otros.
Para concluir con el capítulo y reportaje he optado por una coplilla
cantada por las murgas en el Carnaval de 1934, a resultas de un cruce de
acusaciones, el año anterior, entre el concejal Estrella y la empresa
suministradora de electricidad, Fuerzas Motrices del Valle de Lecrín,
por mor de los continuos apagones y restricciones sin justificación
sufridos en calles, comercios y viviendas. Prueba de su aceptación
popular es que ha llegado hasta nuestros días, vía transmisión oral.
Desconozco música y autor, pero el maestro Machado ya lo dejó bien
rimado: hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son y
cuando el pueblo las canta… averigua quien la parió:
Esta Feria pasada fue de gran admiración;
vinieron los granaínos a ver la iluminación.
Quedaron encandilaos al llegar al Boulevard
pues con cuatro mariposas se alumbró la Capital.
Parecía el Paseo la ermita Santa Elena,
con “mariposas” y “santos” y cuatro o cinco velas, etc.
La Voz de Almería, viernes 17 de agosto
Especial Feria 2007
Antonio Sevillano
Investigador y periodista
elferrocarril@asafal.com
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