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Tal día 22 de Diciembre de hace 100
años, la ciudad de Granada se subía al carro del progreso y de la
modernidad al inaugurar una línea tranviaria de cremallera que acercaba
la ciudad con el monumento que ha paseado el nombre de Granada por todo
el mundo: la Alhambra de Granada.
El hecho trascendía la mera puesta en servicio de una nueva línea
tranviaria, muy común por aquella época en cualquier ciudad española o
europea de más de cincuenta mil habitantes, por varios motivos. El
primero porque se trataba de un tranvía de cremallera, esto es, con un
raíl dentado central que permite la adherencia en perfiles de vía muy
inclinados. Esta singularidad lo convertía en único en España,
despertando la atención de los medios de comunicación local y nacional.
El segundo porque la ciudad de Granada recibía el nuevo siglo XX con una
serie de reformas urbanas que la situaban como referente nacional en
cuanto a progreso y modernidad conjugada con el rico patrimonio
histórico acumulado durante siglos. Y el tercero porque la ciudad y su
entorno disponía de los suficientes atractivos para atraer la inversión
privada a la dotación de servicios públicos que mejoraran la calidad de
vida de sus ciudadanos. Buena parte de estos servicios se debieron a la
revolución tecnológica de los transportes, que supusieron un cambio
cultural importante en cuanto a la concepción de la distancia, la
velocidad y el tiempo.
El empuje al transporte urbano e interurbano de Granada vino de la mano
de Nicolás de Escoriaza, industrial zaragozano, que en 1903 adquirió la
concesión de la inacabada red urbana de tranvías para iniciar en 1904 la
andadura de la empresa Tranvías Eléctricos de Granada, inaugurando sus
primeras líneas el 7 de Julio de aquel año. Desde su llegada, Escoriaza
vislumbró las posibilidades de la ciudad, planteando a los pocos meses
su intención de unir mediante un funicular la Carrera del Darro con la
Puerta de las Armas en la Alhambra. Las posturas contrarias a su
realización y la conjunción de intereses entre la empresa de tranvías y
otro personaje digno de mención, el Duque de San Pedro de Galatino,
fueron razones suficientes para plantear una nueva solución de
comunicación con la Alhambra, esta vez en forma de tranvía por el
Realejo y la Ladera de los Mártires.
Al tiempo que se realizaban las obras de la línea tranviaria a la
Alhambra, Escoriaza ideaba la unión de Granada con la misma cumbre del
Mulhacén, mediante la combinación de ferrocarril, cremallera, funicular
y ascensor. El proyecto encargado al ingeniero suizo Emil Strub, aunque
descabellado por lo costoso e inviable económicamente, da una idea del
afán emprendedor de su mentor, y que años más tarde retomaría en parte
otro visionario, el Duque de San Pedro de Galatino. Más práctica y
funcional fue la idea de extender la red tranviaria a los pueblos
cercanos a la ciudad. Una vez sentados los pilares del proyecto,
Escoriaza dejó la dirección y también Granada para atender sus múltiples
negocios industriales vinculados al transporte.
La sombra de los tranvías se alargó sobre Granada durante 70 años. 1974
fue el año del desmantelamiento de la tupida red ferrotranviaria,
aludiendo a una modernidad que venía de la mano del transporte por
carretera. No obstante, esa larga tradición ha demostrado que a Granada
le pegan los tranvías. Después de casi 34 años viéndola con coches y
autobuses, ha perdido encanto. Granada, por su geografía, configuración,
paisaje, patrimonio histórico y artístico es un espacio ideal para
establecer cuantos medios mecánicos que hagan más fácil la vida a sus
ciudadanos y más atractiva la visita a los turistas. El ejemplo lo
tenemos en Lisboa, fiel conservadora de sus históricos modos de
transporte e incorporados inteligentemente a su oferta turística
(tranvías modernos e históricos, ascensor de Santa Justa, funicular de
Bica, por citar algunos).
Cuando la saturación y la contaminación están llegando a un punto
preocupante, se plantea de nuevo la necesidad de reimplantar el tranvía,
ahora en una versión moderna para Granada y su aglomeración urbana. Los
debates sobre el trazado se han alargado más de cinco años para iniciar
una línea 1 que será el tronco de una futura red metropolitana de
transporte, que aún no se sabe ni cómo será. Otros asuntos no menos
importantes como el ancho de vía, en una ciudad tan falta de espacio en
sus calles y con la posibilidad de recuperación de tranvías históricos,
han sido obviados.
Granada sigue teniendo pendientes sus comunicaciones: la conexión entre
la ciudad y la Alhambra, el tráfico urbano y la movilidad de la
aglomeración urbana, el acceso a Sierra Nevada, la vertebración
provincial y la articulación regional, para salir de esa posición
económica secundaria a la que ha sido históricamente relegada. Y estas
nuevas soluciones deben ofrecer alternativas a un modelo basado en la
carretera y el vehículo privado, de todo punto insostenible y poco
competitivo.
Granada como hace 100 años, necesita de personajes de la talla de
Escoriaza o del Duque de San Pedro de Galatino. Si levantaran la cabeza
y vieran en qué ha quedado todo su esfuerzo: ni un solo rastro de
tranvías, casi todos quemados y achatarrados, unos trazados de gran
utilizad perdidos bajo un pantano o absorbidos por carreteras que no dan
más de sí por tanto coche. Lamentable.
Esta ciudad sigue teniendo una cuenta pendiente con estos grandes
hombres, hoy además se acrecienta al pasar inadvertida la fecha a
nuestras autoridades. Siempre que se habla del Duque de San Pedro se
dice que era un adelantado a su tiempo, pero más bien parece que
nuestros representantes llevan cien años de retraso.



Carlos Peña Aguilera
Asafal y Presidente de Agraft
elferrocarril@asafal.com
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