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Asociación
de Amigos del Ferrocarril de Almería |
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| El Tranvía de la Sierra.
¿Añorado o denostado? Carlos Peña Aguilera |
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Lo de expuesto es un decir, porque desde que se subió de la Facultad de Ciencias a este Centro, ha estado completamente desprotegido, a merced de los elementos atmosféricos y sin utilidad alguna dentro de los contenidos de dicho Centro. El único mensaje que parece trasmitir en su pequeño trozo de vía mirando a través del Castañar hacia su pueblo de Güéjar-Sierra, es su deseo de acabar con todo de una vez. Allí pudimos comprobar, no con cierta pena, el estado de abandono y de deterioro en que se encuentra uno de los pioneros en el acceso a Sierra Nevada para el gran público. Tampoco comprendíamos el uso que se le estaba dando en aquel lugar, quizás formara parte de un experimento para estudiar los efectos de la exposición al riguroso clima de montaña sobre las estructuras de acero y madera. Cuando ya nos conducíamos a hacernos la foto de rigor, apareció una persona, al parecer muy bien informada, que nos prometía que iba a ser la última vez que veríamos así al tranvía. No puede ser, nos dijimos. A dónde lo llevan. No, que va, que lo van a restaurar, nos dijo. Parece ser que los responsables de su guarda y custodia, con esto del centenario, habían hecho propósito de recuperar el aspecto, sobre todo exterior, del tranvía. El comienzo de la reforma, según nos comentó, era inminente. Grupo
de Asafal. 2 de Mayo de
2004. Foto Carlos Peña Aguilera
Ya con esta información, la foto se convertía en histórica. Íbamos a ser los últimos en fotografiarnos antes de lavarle de nuevo la cara. Asafal, como Caiga quien Caiga estuvo allí para contarlo. Contentos y confiados en aquellas buenas intenciones, la jornada se completó con la visita a la estupenda exposición El tiempo de los Tranvías. Un día redondo. Pasó el tiempo, y los que participaron aquel día comenzaban a preguntarme, ¿qué sabes del tranvía? Pues no sé, espero ir pronto a verlo. Lo que ocurre es que la visita al Dornajo casi siempre la reservo para aquellos aficionados de fuera que vienen a visitar Granada para que vean lo que hacemos por aquí con el patrimonio cultural e industrial. Y así fue cuando el pasado mes de mayo, recibí la visita de Amadeu Parera, entusiasta de los tranvías y de la vía estrecha. El
tranvía, un año después. Mayo de 2005. Foto Carlos Peña Aguilera
Tras un recorrido por los lugares de interés del añorado tranvía, terminamos en el Dornajo. Cuando íbamos llegando, ya iba comentando lo que nos encontraríamos. Pues aquello que creíamos que iba a ser al menos una mano de la característica pintura amarilla tipo “tranvía”, era en realidad una mano de spray formando un ininteligible graffiti, de esos que se llaman actualmente artísticos. Increíble pero cierto. Yo no esperaba mucho de aquellas palabras hace un año, pero tenían sentido. Cuando vi que aquel había pasado un año más al capricho de las heladas, de los cambios bruscos de temperatura y ahora además de los graffiteros, que no tienen bastante con los muros vacíos de las tapias y de las casas para dejar su firmita, me acordé de aquellas palabras mágicas y tan vacías de contenido en esta Granada: “el comienzo de las obras es inminente”. Ingenuo de mí, claro, como las de la construcción del teleférico desde el Barranco de San Juan hasta la Hoya de la Mora, pensé. Y es que hay cosas que no entenderé jamás. La absoluta falta de sensibilidad a la hora de proteger nuestro patrimonio, que en este caso es industrial y cultural, que demuestran las autoridades merece la mayor de las censuras. Aún no se comprende con qué motivo lleva diez años el tranvía colocado en el Dornajo de aquella manera. Sin protección de los elementos atmosféricos y sin la más mínima integración en los contenidos explicativos del Centro de Visitantes. Cuando en realidad, por ser el medio de transporte pionero en el acceso a Sierra Nevada por parte del gran público, debía de presidir el vestíbulo de aquel Centro y orientar gran parte de los contenidos a esa opinión que cualquiera con dos dedos de frente tiene al ver los ríos de coches invadiendo cada fin de semana la estación de esquí de Pradollano: recuperar un medio de transporte colectivo y no contaminante para acceder a Sierra Nevada. Otra
vista del tranvía. Mayo 2005. Foto Carlos Peña Aguilera
Pero más bien que los responsables de Cetursa, del Parque Nacional y del Parque Natural prefieren mirar para otro lado y de camino eliminar cualquier rastro de aquella otra Sierra Nevada, publicitada entonces como la Suiza Andaluza. Metafóricamente, parece una amarga venganza, aunque realmente lo que ocurre con este tranvía y con su historia es una indignidad y una humillación constante. Nuestras autoridades se están permitiendo el lujo de enterrar los pocos vestigios de esa parte importante de la historia reciente de Granada. De los tres coches motores que se conservaron, uno fue incendiado en su ubicación del Paseo de la Bomba y quemado seguirá por siempre. Otro se conserva decentemente en el Parque de las Ciencias, tras ser recuperado del olvido en las antiguas cocheras, pero sin parte de la lógica de contenidos del Parque. ¿Qué parque que se llame de las Ciencias, se limita a exponer una joya tecnológica de principios de siglo, como es un tranvía, bajo un techado, en las afueras, con una valla que impide verlo de cerca y con un escueto cartel que lo único que hace es nombrarlo? Una apuesta importante por la Ciencia y por divulgar sus contenidos, sería recuperarlo para su uso originario, es decir, llevando gente, en este caso, entre las diferentes zonas temáticas del Parque. Pero parece ser que el futuro está en las estrellas o en los dinosaurios. Y el tercero es el que nos ocupa en esta reflexión y cuyo estado de deterioro no nos hace ser nada optimistas. Se hace necesario acometer inmediatamente su traslado y reforma integral para devolverle su anterior imagen y lugar en la historia. Desde estas líneas, se apela a la responsabilidad de nuestras autoridades e instituciones para que pongan los medios necesarios para evitar más agresiones al patrimonio. Que no tengamos que lamentar próximamente la pérdida de una pieza importante de nuestra historia reciente y recordar a nuestro tranvía con frases como “era la crónica de una muerte anunciada”, “entre todos lo mataron y él solo se murió”, “ya no aguantó más y saltó al vacío”, “ha sido quemado a lo bonzo”.
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