Asociación de Amigos del Ferrocarril de Almería
El Ferrocarril - Edición Digital
 Año 1 - Número 1


Sube al tren de ASAFAL
Antonio López Romero

Jefe de Comunicación de RENFE en Andalucía



Sube al Tren de ASAFAL



El mundo anglosajón ha contemplado desde el siglo XIX la existencia de grupos organizados que de manera legítima hacen valer sus peticiones e intereses ante los poderes públicos.

El "lobby" es el término inglés exacto empleado para designar a estas organizaciones de ciudadanos que tratan de influenciar de manera decidida y ejercen una "presión inteligente" sobre los políticos que, elegidos democráticamente, están abiertos al diálogo con estos gestores de intereses.

Cuanto más vertebrada está una sociedad o una colectividad, mayor influencia tienen estos grupos organizados y mayor poder negociador ante el Ejecutivo y el Legislativo, para acelerar inversiones o propiciar la promulgación de normas favorables para un territorio en cuestión.

El común denominador de la actuación del "lobby" o de los "lobbies" en plural es que antes de pronunciar una declaración altisonante ante los medios de comunicación para denunciar una situación determinada, agotan hasta el límite la vía de la negociación silenciosa y la de los despachos.

La "presión inteligente" es aquella que se realiza con argumentos contundentes, con datos y documentos novedosos que tal vez el político al que se visita desconozca o tenga solo información parcial e incompleta al respecto. La estrategia del visitante es conseguir en ese momento que el político o el alto funcionario administrativo haga suyo nuestro informe y ponga firmes a los asesores que no han sido capaces de hacerle llegar un documento tan completo y definitivo.

Nuestra querida Almería no entiende aún de lobbies, vive feliz en su mundo de abundancia, de milagro económico y de pasividad. A los pocos que protestan o solicitan cambios estructurales para poder progresar en las ideas y crear el necesario debate social se les llama locos, envidiosos o visionarios de tertulia.

Y cuando el temporal arrecia, nada mejor que crear una de esas comisiones por las infraestructuras en las que por estar acaba sumándose hasta el político local miembro del partido que gobierna, que a su vez ha aparcado todo diálogo al respecto.

Luego, un golpe de efecto, una visita a Almería, un brindis al sol y aquí no ha pasado nada. Esta insoportable rueda de pasividad social debe tocar a su fin.

Hay colectivos que sin tener esta prioridad entre sus cometidos, se están convirtiendo poco a poco en grupos de presión.

Llamo la atención del lector al trabajo serio, riguroso y honrado de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Almeria (ASAFAL). Un colectivo apolítico, heterogéneo, que cuenta entre sus filas con personas con las ideas muy claras que pueden asesorar a cualquier institución u organización de cómo se trabaja en pro del desarrollo de la provincia.

Sería muy interesante y educativo, que nuestros representantes electos y los que integran las distintas administraciones públicas con sede en nuestro territorio, navegaran por la web www.asafal.com, que ahora inicia una segunda etapa, y comprobaran que muchas de las soluciones que se ofrecen tienen más valor como ideas, que como el coste económico que representa su ejecución.

Hace unos días charlaba con unos compañeros de trabajo y les comentaba que una vez que la comunicación ferroviaria Bobadilla-Granada iba a transformarse en un futuro en comunicación de alta velocidad, el reto de la sociedad almeriense es hacer ver al Estado y a la Junta de Andalucía que los 180 kilómetros que separan por ferrocarril Granada de Almería deberán correr la misma suerte, si queremos vertebrar de una vez toda Andalucía, a la que Almería aporta importantes recursos económicos.

Alguno de mis contertulios me comentó en términos mercantilistas que esa nueva vía doble electrificada Almería-Granada supondría también que el precio del billete de ese futuro servicio se incrementará notablemente sobre las tarifas actuales.

Mi respuesta fue tajante: el problema de Almeria no es el dinero, sino la poca influencia que tiene la sociedad más rica de toda Andalucia, que no sabe emplear estos recursos para reivindicar inversiones en infraestructuras para un territorio que ha demostrado que ya es rentable sin inversión alguna.

Las propuestas de ASAFAL son tan locas, descabelladas e irreales, como las de aquellos políticos locos e irresponsables (Carlos Navarro Rodrigo, Juan Lirola Gómez, Arcadio Roda Rivas...), que lograron hacer "lobby" desde Almería para que el ferrocarril llegase en 1895. Sin estos políticos, locos y soñadores, la sociedad almeriense hubiese seguido viajando unos cuantos decenios más en barco a Cartagena para desde allí coger el tren a Madrid.

Es hora de que una nueva hornada de políticos, surgidos desde la clase empresarial almeriense tomen el testigo de aquellos empresarios y políticos del siglo XIX y se suban al tren del conocimiento de ASAFAL.


elferrocarril@asafal.com