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Sube al Tren de ASAFAL
El mundo anglosajón ha contemplado desde el siglo XIX la existencia de
grupos organizados que de manera legítima hacen valer sus peticiones e
intereses ante los poderes públicos.
El "lobby" es el término inglés exacto empleado para
designar a estas organizaciones de ciudadanos que tratan de influenciar
de manera decidida y ejercen una "presión inteligente" sobre
los políticos que, elegidos democráticamente, están abiertos al
diálogo con estos gestores de intereses.
Cuanto más vertebrada está una sociedad o una colectividad, mayor
influencia tienen estos grupos organizados y mayor poder negociador ante
el Ejecutivo y el Legislativo, para acelerar inversiones o propiciar la
promulgación de normas favorables para un territorio en cuestión.
El común denominador de la actuación del "lobby" o de los
"lobbies" en plural es que antes de pronunciar una
declaración altisonante ante los medios de comunicación para denunciar
una situación determinada, agotan hasta el límite la vía de la
negociación silenciosa y la de los despachos.
La "presión inteligente" es aquella que se realiza con
argumentos contundentes, con datos y documentos novedosos que tal vez el
político al que se visita desconozca o tenga solo información parcial
e incompleta al respecto. La estrategia del visitante es conseguir en
ese momento que el político o el alto funcionario administrativo haga
suyo nuestro informe y ponga firmes a los asesores que no han sido
capaces de hacerle llegar un documento tan completo y definitivo.
Nuestra querida Almería no entiende aún de lobbies, vive feliz en su
mundo de abundancia, de milagro económico y de pasividad. A los pocos
que protestan o solicitan cambios estructurales para poder progresar en
las ideas y crear el necesario debate social se les llama locos,
envidiosos o visionarios de tertulia.
Y cuando el temporal arrecia, nada mejor que crear una de esas
comisiones por las infraestructuras en las que por estar acaba
sumándose hasta el político local miembro del partido que gobierna,
que a su vez ha aparcado todo diálogo al respecto.
Luego, un golpe de efecto, una visita a Almería, un brindis al sol y
aquí no ha pasado nada. Esta insoportable rueda de pasividad social
debe tocar a su fin.
Hay colectivos que sin tener esta prioridad entre sus cometidos, se
están convirtiendo poco a poco en grupos de presión.
Llamo la atención del lector al trabajo serio, riguroso y honrado de la
Asociación de Amigos del Ferrocarril de Almeria (ASAFAL). Un colectivo
apolítico, heterogéneo, que cuenta entre sus filas con personas con
las ideas muy claras que pueden asesorar a cualquier institución u
organización de cómo se trabaja en pro del desarrollo de la provincia.
Sería muy interesante y educativo, que nuestros representantes electos
y los que integran las distintas administraciones públicas con sede en
nuestro territorio, navegaran por la web www.asafal.com, que ahora
inicia una segunda etapa, y comprobaran que muchas de las soluciones que
se ofrecen tienen más valor como ideas, que como el coste económico
que representa su ejecución.
Hace unos días charlaba con unos compañeros de trabajo y les comentaba
que una vez que la comunicación ferroviaria Bobadilla-Granada iba a
transformarse en un futuro en comunicación de alta velocidad, el reto
de la sociedad almeriense es hacer ver al Estado y a la Junta de
Andalucía que los 180 kilómetros que separan por ferrocarril Granada
de Almería deberán correr la misma suerte, si queremos vertebrar de
una vez toda Andalucía, a la que Almería aporta importantes recursos
económicos.
Alguno de mis contertulios me comentó en términos mercantilistas que
esa nueva vía doble electrificada Almería-Granada supondría también
que el precio del billete de ese futuro servicio se incrementará
notablemente sobre las tarifas actuales.
Mi respuesta fue tajante: el problema de Almeria no es el dinero, sino
la poca influencia que tiene la sociedad más rica de toda Andalucia,
que no sabe emplear estos recursos para reivindicar inversiones en
infraestructuras para un territorio que ha demostrado que ya es rentable
sin inversión alguna.
Las propuestas de ASAFAL son tan locas, descabelladas e irreales, como
las de aquellos políticos locos e irresponsables (Carlos Navarro
Rodrigo, Juan Lirola Gómez, Arcadio Roda Rivas...), que lograron hacer
"lobby" desde Almería para que el ferrocarril llegase en
1895. Sin estos políticos, locos y soñadores, la sociedad almeriense
hubiese seguido viajando unos cuantos decenios más en barco a Cartagena
para desde allí coger el tren a Madrid.
Es hora de que una nueva hornada de políticos, surgidos desde la clase
empresarial almeriense tomen el testigo de aquellos empresarios y
políticos del siglo XIX y se suban al tren del conocimiento de ASAFAL.
elferrocarril@asafal.com
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